El Cuartel de la parte superior derecha, es el que posee un templo y en el que se desarrolla toda la zona áulica, con un pequeño Oecus, con columnas en el centro que separan el ambiente en tres partes y ábside en uno de los extremos, tipo arquitectónico muy propio de estos momentos, que sería una especie de sala de recepción, una sala del trono. A su izquierda, un gran octágono se corresponde con el mausoleo, que anticipa los modelos de época cristiana. El resto está destinado a causas domésticas, otras dependencias y jardines.
Los palacios tardoimperiales se ven influenciados por el mundo oriental Bizantino en la complicación de los volúmenes, de los espacios, que se refleja también en el ceremonial áulico, cada vez más complejo.
Lámina 10. Plano de la Villa de la Plaza Armerina. Considerada modelo de las Villae, de los modelos aristocráticos de todo el tardoimperio. La entrada al edificio se hacía por unas fauces fortificadas que dan a un espacio semicircular porticado (1), queda al Vestíbulo (2) y a su vez éste al Peristilo (3), en torno al cual se desarrollan gran número de habitaciones. Opuesto a la entrada del Peristilo, se desarrolla en toda su anchura, un corredor (4), que da paso a toda una serie de estancias (6 y 5), en la que destaca la central, absidiada, con refuerzos radiales al exterior (no la única), que es el Oecus o salón de recepciones. Estas estancias estarían recubiertas de mármoles, de mosaicos, de esculturas, etc... Llaman la atención las dependencias 8 y 9. La primera es un pórtico de formas elípticas, mientras que la número 9 se trata de la sala triabsidiada o trilobulada. Ésta, junto a la sala de un solo ábside, se consideran modelos de un gran simbolismo, aceptados tanto por las estructuras civiles, como las religiosas.
En la Península Ibérica, en la ciudad tardoimperial rodeada de murallas, aparecen edificaciones que siguen este programa constructivo, visto en las Villas de Diocleciano, de Armerina y Olmeda, que no se han desarrollado intramuros porque la necesidad de espacio se lo impiden (las ciudades romanas amuralladas cuentan con una gran densidad, por lo que se realizan en áreas extraurbanas, si bien no alejadas del foco de oblación, a un kilómetro de distancia, lo más, lo que no quita que se hayan dado casos de construcciones intramuros, como en Barcelona.
En Córdoba, la construcción de la línea de trenes de alta velocidad a principios de los 90, sacó a la luz un conjunto romano de gran importancia, de Cercadilla (lámina 7)que el propio proyecto de vías destruyó en parte, afectando a una importante zona arqueológica en la que se encontró una villa romana, una residencia palaciega, que se habría construido en una fase avanzada del siglo V, con un tipo de salas absidiadas, de época de Teodosio, que se cree, tenía propiedades en la zona. Sin embargo, la estratigrafía, en la zona referente a la cimentación, al inicio de la obra, anticipa en un siglo la construcción del palacio. El hallazgo de un fragmento de inscripción atribuible a Maximiano Hercúleo, que llega a la Península Ibérica para hacer frente a levantamientos en el Norte de África. Por tanto deja de ser un palacio imperial, para convertirse en la Villa de un dignatario de la próxima ciudad de Córduba, capital de toda la Bética, que se comunicaba con ella, desde el noroeste de la ciudad, a través de una gran avenida, de unos 50 mts, delimitada por dos estructuras, dos muretes bajos, en los que se colocarían estatuas que acompañarían visualmente en el trayecto, acentuando el efecto de grandeza, centrando el frente de la fachada del edificio, que tendría el ancho de la propia avenida, confiriendo al conjunto una sensación teatral de gran escenografía. El juego de volúmenes vendría remarcado por la consecución de este cuerpo transversal, al que se añadiría posteriormente un gran espacio absidiado, con arquerías y columnatas, que rematarían dicho efecto.
Durante las excavaciones, se pudo saber, que con anterioridad a la construcción de este gran palacio, se asentaba en esta zona otra edificación, posiblemente dedicada a la explotación agrícola, que si bien no es un precedente arquitectónico sí lo es en cuanto a la propiedad, ya que pertenecería a la clase senatorial de la ciudad que fue la que luego le posibilitó la decisión de ubicar un palacio.
Su planta no recuerda a ninguna de las formas tipológicas vistan con anterioridad (las Villas de Diocleciano, de Armerina y Olmeda), ni se vincula a lo Bizantino. Pero algunos de sus elementos individuales sí se relacionan con estos palacios, vistos de forma independiente. La sucesión de corredores, le otorga al edificio una sensación de complejidad, quedan paso al semicírculo que distribuye inicialmente el paso al interior de las dependencias. El primer pasillo a la izquierda se dirige a lo que parece ser una sala trilobulada, triabsidiada, en clara referencia a la vista en la Villa de Diocleciano en Split, si bien no se está seguro de la configuración de esta estancia, ya que se vio afectada por las obras del viario del tren. En el eje principal, enfrentado a la gran ala que corta transversalmente la avenida, se encuentra un gran salón u Oecus, vistos también en anteriores ejemplos, rematada en su extremo opuesto a la entrada, por un absidiolo.
Pudiera hacer pensar que, este edificio recibe múltiples influencias provenientes del mundo latino y de los ejemplos de Split, Italia o la Ibérica de la Olmeda, pero si resulta que si, como dicen los estudios, este edifico data de finales del siglo III, pasaría a convertirse no en agrupadora de influencias, sino en precedente de los palacios ya mencionados.
El resto de las dependencias no se sabe cuál pudiera ser su funcionalidad, si bien hay que decir que el conjunto a la izquierda de esta sala de recepción, se trata de unas termas.
Este edificio se mantuvo durante los siglos IV y V, siendo a partir de esta época, el momento de declive. En los siglos VI y VII se reutiliza parte del Palacio con otra finalidad, convirtiéndose en un espacio de culto, una de las zonas de unión, de nexo entre el cuerpo transversal y el semicircular. Se cree que en este lugar, cercano a Córduba recibió martirio un santo y fue enterrado. A partir de este momento, el deseo popular será el de enterrarse lo más próximo a este lugar de culto, reservándose ente privilegio a las clases más pudientes y dejando las áreas más periféricas para las menos favorecidas.
En el siglo VIII la ciudad es tomada por los musulmanes y la Villa se convierte en lugar de campo, de Alquerías, dedicación agraria.
23-3-98
ARQUITECTURA RELIGIOSA Y FUNERARIA. LA IRRUPCIÓN DEL CRISTIANISMO: BASÍLICAS, BAPTISTERIOS, MARTYRIA, NECRÓPOLIS.
Dentro de las nuevas tipologías de Edificios que surgen en el Bajo Imperio, entre las cuales se incluían los palacios suburbanos, se encuentran los edificios que responden a nuevas posibilidades litúrgicas cristianas: lugares de culto (Basílicas, Iglesias...) que responden a varios motivos: martiriales, funerarios e iglesias de culto que surgen tanto dentro como fuera de la ciudad, modificando edificios existentes a la nueva función o creando nuevas formas.
El fenómeno del monacato se extiende primero en los siglos III/IV en relación con los movimientos ascéticos, y en los siglos IV/V surge en sí dicho fenómeno. Estos conjuntos monásticos no sólo lo componen la Iglesia sino toda una diversidad de dependencias. Entre este conjunto la diversificación funcional dentro de la cristianidad, se incluyen baptisterios, mausoleos y gran número de monumentos funerarios (metrópolis, martiria -monumentos martiriales-).
La Basílica es un edificio que se adapta más o menos bien a edificios preexistentes intramuros, aunque en sí, el conjunto de este repertorio edilicio encuentra mal acomodo dentro de la ciudad, al igual que sucedía en los palacios, por lo que era frecuente la salida de la ciudad. En Roma, en época e Constantino se creaba San Pedro de Vaticano, extramuros de la ciudad, fuera de la muralla aureliana, debido a la tradición del enterramiento de San Pedro. San Juan de Letrán, se encuentra en un lugar periférico intramuros y se basa en toda una serie de cuarteles que en época de Constantino reciben remodelación para sus nuevas funciones como edificio litúrgico. Algo similar sucede en Rávena con varios conjuntos eclesiásticos, tanto dentro como fuera de las murallas.
En la Península Ibérica, Tarraco desarrolla en sus cercanías, extramuros, un programa de edificios cristianos (Basílica y necrópolis), al estilo de lo visto. En Mérida, también se observa una evolución edificatoria en torno al circo, pero también hay transformaciones que afectan a la ciudad muy significativas. Extramuros, se elige una zona para la ubicación del tradicional enterramiento de Santa Eulalia. Idacio, en sus crónicas, comenta que la ciudad de Mérida se libró de la invasión musulmana gracias a la ayuda de la santa.
Por tal motivo, la zona donde se cree que fue enterrada la beata, va a ser lugar en torno al cual se desarrollen edificios de tipo funerario.
En la primera diapositiva aparece la planta de la Iglesia Románica que ha perdurado. La diferente forma que poseen los pilares, sólo regulares en uno de sus tramos y que dividen el cuerpo de naves está evidenciando que intenta adaptarse a estructuras preexistentes que condicionan el asentamiento de la Iglesia Románica.
En las excavaciones realizadas, se han determinado cuatro fases de ocupación y construcción en el interior de la Iglesia:
En época Altoimperial, de forma muy desdibujada, aparece una serie de muros informes y una canalización hidráulica. Parece que se trata de un espacio agrario extramuros de la ciudad, no tiene relación con la Iglesia.
En el momento tardorromano, se constata la existencia de toda una serie de enterramiento, una pequeña necrópolis, sin ningún tipo de iglesia, en la que dos de los enterramientos resultan especialmente importantes, ya que son de sección cuadrangular, conformando una especie de mausoleos, de hipogeos, al estar semienterrados, con bóvedas y con escaleritas para llegar a su interior, como si fuera una especie de cripta, cuyas paredes estarían cubiertas por pinturas y mosaicos. Una de estas pequeñas criptas, va a ser la que inicie la tradición martirial de Santa Eulalia. En el siglo V se construye un conjunto monástico, recogiendo esa tradición de la mártir y una de las criptas se convierte en lugar privilegiado de la Iglesia que se construye.
Se trata de una iglesia de planta única, con cabecero de testero cuadrada, recta y crucero incipiente. Transepto que deja una zona ante el altar, donde se alberga el mausoleo, como una pequeña cripta dentro de la Iglesia. Junto a este conjunto, se añaden construcciones funerarias, nichos, mausoleos y toda otra serie de dependencias; se cree que una zona de atención hospitalaria.
En el siglo VII la iglesia se encuentra en un avanzado estado de deterioro, determinándose su reconstrucción, y aparte de reparar muros, se añaden otros dos elementos nuevos: dos torres a cada lado de la cabecera, probablemente unidas a la iglesia, con las que se pretende transformar, modernizar la Iglesia con las nuevas concepciones artísticas de la época (la cabecera tripartita).
Otro de los edificios que se unen a estos conjuntos monacales es el baptisterio, como el de San Juan de Letrán, de época constantiniana; octogonal, con piscina en el centro y un pasillo anular definido por una columnata que lo rodea. Otro baptisterio es el de Rávena que responde inicialmente al programa de planta octogonal, destacando los mosaicos como desarrollo de un programa iconográfico basado en azules celestes, de gran expresividad estética y técnica.
En Rávena también se encuentran toda una serie de conjuntos monásticos, uno de los cuales si ubica extramuros y lleva el nombre de San Apolinar in Classe, por otro lado, en un área suburbana, se encuentra San Vital de Rávena, en cuyo conjunto se encuentran la Iglesia y Capilla de Gala Placidia, hermana de Honorio que fue sacrificada en virtud del imperio, por lo que recibió un entierro con dignidad imperial en la ciudad que por aquel entonces primaba sobre roma como capitalidad del imperio.
El Mausoleo de Gala Placidia rompe con los sistemas tradicionales romanos tanto de época republicana como imperial, rompiendo con la construcción de edificios circulares, con un anillo interior también circular, abovedado y a modo de túmulos al exterior, como el ejemplo del Castello di Sant Angello.
Se trata de un plano cruciforme, a modo de iglesia de planta centralizada, lo cual supone un cambio radical en la planta, anticipo de lo que se utilizará posteriormente como tipo de iglesia y también como mausoleo.
En realidad, el mausoleo es sólo el extremo de un gran espacio poco conocido que sería de unas proporciones inmensas, en el que el mausoleo sólo era un remate en las alas de esta gran iglesia a la que estaría adosado. Destaca la estructura de ladrillo, las arcadas ciegas que confieren plasticidad al conjunto y los tímpanos clásicos en cada uno de los lados. Mantiene cierto clasicismo por un lado e innova por otro. Este modelo va a ser seguido en la Península Ibérica, concretamente en Portugal, por San Fructuoso de Montelio, cerca de Braga. Se trata de otro conjunto a las afueras de la ciudad, formando parte de un conjunto monástico fundado por Fructuoso, hijo de una familia terrateniente de origen hispano-visigodo, que en una propiedad privada, crea este monasterio, así como una sede episcopal. Precisamente en este lugar, a su muerte, se levanta en el siglo VII una capilla que sigue en planta y alzado el modelo creado para el mausoleo de Gala Placidia en Rávena. Se trata de un espacio centralizado, una cruz griega, con un torreón en la confluencia de los cuatro brazos, en el centro. Si bien en este caso, el paramento a utilizar no es el ladrillo ya que hacen uso de la cantera local, rica en granito. Frisos de orden clásico y elementos que preludian el alto-medievo, como los arquillos en la torre o la alternancia de arcos ciegos semicirculares y triangulares o de Nitra.
Un detalle es el arcosolio con un sarcófago en los muros perimetrales de uno de los brazos y que fue realizado con la misma obra de construcción del mausoleo (si bien es casi seguro que el sarcófago es posterior). Tiene que ver con una disposición episcopal, a través de la cual estaba prohibido enterrarse dentro de la iglesia, dentro de los espacios sagrados. En este caso, se trataría de una persona de grandes recursos, que siguiendo dicha disposición, no rehusó a enterrarse lo más próximo posible al santo.
Pero junto a Villas suburbanas, Iglesias, Baptisterios y Mausoleos, los enterramientos, han desarrollado múltiples variantes en sus formas durante el periodo tardorromano.
En Tarraco, en la Villa de Constantí, en el siglo IV se implanta un conjunto funerario compuesto por un Mausoleo con unas estructuras. Uno de los enterramientos alberga una bóveda, con mosaicos que representan motivos todavía no del todo explicables, ya que aparecen escenas bíblicas, personajes enfrentados. Se trata de un edificio de planta tradicional, circular al interior, similar a los paganos, con nichos, absidiolos defunción arquitectónica de descarga y reparto de fuerzas, como de pequeños nichos funerarios a modo de panteón.
La Necrópolis de Ostia se encuentra a las afueras de la ciudad a lo largo de la vía de comunicación, En ella aparecen varios conjuntos funerarios:
Por un lado, aparece el enterramiento habitual en el Alto Imperio (Augusto), que es el Columbarium o palomar, por la forma de los nichos, semicircular, recuerda a dichos lugares. Se trata de un recinto cerrado, construido con un muro de Opus Caementicium recubierto por Opus Reticulatum, en el que se han horadado múltiples nichos, donde albergar las urnas funerarias, relacionadas con la ceremonia tradicional de época antigua, que era la incineración, si bien en época romana era tan frecuente este sistema de enterramiento como el de la inhumación, no se sabe a qué responde esta práctica, ya que no determina clases sociales, ni costumbres locales o rituales. A partir del Bajo Imperio, con el cristianismo, se produce el triunfo de la inhumación, en relación con las creencias de la resurrección, con la ida al más allá, así como se produce con el rito inhumatorio cristiano, la tradición de los ajuares, ya que predica la humildad y pobreza.
Con la inhumación, se produce un cambio en el sistema funerario de las columbarias, porque ya no han de recibir las cenizas del fallecido, sino todo su cuerpo, así como se puede observar en ejemplos de la propia Ostia, los nichos que agujerean los muros de Opus Camenticium recubiertos de Reticulatum, se hacen más grandes y menos numerosos
Otra práctica funeraria es el sarcófago, que ya existía con anterioridad, o las obras de ladrillo a modo de pequeños túmulos, que en su interior albergan dicho sarcófago.
En Tarragona existe una necrópolis compuesta por sarcófagos que responde al fenómeno de la ubicación extramuros de estos conjuntos funerarios. En ella aparecen sarcófagos de diferentes maneras y formas, que se extienden en los alrededores de una basílica funeraria, para la realización de actos, de cultos a los muertos. Entre ellos, se pueden distinguir los sarcófagos/bañera, los paralepípedos, o los trapezoidales, con tapas planas o a dos vertientes...
Un tipo de sarcófagos propios de Tarraco y que son procedentes del Norte de Africa, son los sarcófagos de forma de Mesa. Se trata de un túmulo, al interior con un recinto de madera donde se pone el cadáver y la tapa no es monolítica, sino un mosaico, en el que se juega con la policromía, con guirnaldas florales, y la imagen del muerto, con uso de colores simbólicos para estas sociedades. En el caso de la diapositiva, se trata del enterramiento del obispo Oppio, togado y con un pergamino en la mano. La inscripción alude a la situación, al enterramiento y al velo por parte de sus fieles, de su tumba.
Otro tipo de Sarcófago, es el de forma de Casa, con tapa a dos aguas, incluso con incisiones que hacen referencia a las Tegulae y una representación un tanto esquemática o burda en las esquinas de las acróteras. Este tipo de monumento tiene también tradición muy antigua, de la Grecia Arcaica, aunque en un contexto absolutamente diferente. Con ella se pretende representar el albergue del alma y la encomendación a la casa de Dios. Este tipo de sarcófago es propio de Italia y del Sur de Francia.
En la Agrupación funeraria principal de Arlés, aparecen enterramientos en sarcófagos que se encuentran estratigrafiados, ya que no siempre los sarcófagos están al aire libre, también se entierran, acto que se va a ir imponiendo a medida que pase el tiempo. Este hecho también viene a estar en relación con la necesidad de aprovechar espacio, no a lo horizontal, sino a lo vertical.
Los cambios también van a afectar a las inscripciones que reciben muchos de los sarcófagos, ya que si bien en muchos casos siguen modelos paganos, sí como decoraciones paganas a las que se les ha modificado su mensaje, las inscripciones evolucionan, y si bien antes se encomendaban a los dioses manes, ahora se va a hacer más habitual la referencia a la Pax Eterna, o se van a incluir crismones.
A medida que se desciende en la escala social van a ir apareciendo otros enterramientos, más baratos, que están, por un lado sobre antiguos edificios clásicos como en los teatros. Este es el caso del teatro de Mallorca, de tradición Helenística. El graderío se utiliza escalonadamente para las prácticas funerarias, las tumbas se excavan en la roca. Este tipo de enterramientos está relacionado con movimientos ascéticos. Las formas que adoptan estas tumbas excavadas en la roca sin similares a las vistas para los sarcófagos (en forma de bañera, paralepípedos o trapezoidales); la tapa también sería de piedra.
El tipo de enterramiento más extendido durante la Edad Media y propio de las clases populares son los sepulcros de lajas. Se trata de un enterramiento muy sencillo, que pasa por la realización de una fosa en el suelo, en el que se puede colocar un sarcófago, pero lo más común es que se deposite el propio cadáver directamente, envuelto en telas; el perímetro de la fosa era regularizado con la colocación de lajas, puestas verticalmente, y la tapa, en vez de ser una pieza monolítica era un conjunto de pequeñas tabletas, lajas de piedra, siendo por norma general, de escasa regularidad. En la diapositiva aparece un ejemplo de una necrópolis de época Visigoda, en la que aparecen perfectamente descritos estos enterramientos, como muestra de su continuación en los primeros momentos de la edad Media. Muestra a su vez, otra de época romana, en el que las lajas han sido aprovechadas de una construcción romana próxima, es decir, en vez de lajas, son sillares.
También muy importantes van a ser las indicaciones funerarias o estelas, también las lápidas. Se trata de pequeños monumentos funerarios que indican la localización del enterramiento, del cadáver, donde se alude al fallecido, que se caracterizan por la gran amplitud de formas y tipos y que tienen un origen muy antiguo. En época tardorromana, aparecen los casos de estelas con forma de casa, al modo de los sarcófagos vistos de época altoimperial, pero suelen ser en numerosos casos, trazos simples, incisiones muy esquemáticas en las que se inserta la inscripción funeraria; es el caso de algunas que se han encontrado en el Oriente Asturiano, pertenecientes ala epigrafía vadimiense. En otros se adopta la forma de la casa. Con sus techos a doble vertiente, frontón y una puerta.
Del mismo modo, también se encuentran las estelas antropomorfas. Es una forma en la que e encuentran algunas de las principales inscripciones epigráficas del mundo clásico romano, de las que se sigue teniendo evidencias en la epigrafía vadimiense. En estas estelas se hace alusión al difunto, y en época tardorromana, la figura humana no suele representarse tan explícitamente, siendo sustituida por una serie de esquematizaciones. Suelen resumirse en estelas discoides, en la que sólo se refleja la cabeza, ya que el resto del cuerpo es un frontal plano donde se desarrolla la dedicatoria. Incluso en este caso, la cabeza, representada por el disco, borra la faz y la cambia por una cruz. Conformando un estilo, un tipo de estela que será muy frecuente en la Alta Edad Media.
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